lunes, 6 de junio de 2011

Una visión diferente de la película Inception

Inception es una película de 2010 que en nuestro país se tradujo (equivocadamente) por Origen. Dirigida por Christopher Nolan, talentoso director que en los últimos años ha revisitado y otorgado un nuevo discurso al personaje de Batman, y que dirigió hace más de 10 años una película llamada Memento cuya fragmentación temporal también ha hecho que sea citada en alguno de los chats o en la wiki con los compañeros. Inception es una película de ciencia ficción que nos habla de la posibilidad de "robar" recuerdos introduciéndose en el cerebro de una persona cuando ésta está dormida.

Al hilo del post anterior me ha resultado muy interesante el siguiente vídeo que exhibe en una sola pantalla los sucesos centrales de la historia, cuatro subhistorias que la película desarrolla narrativamente de manera lineal, aunque cronológicamente deben estar pasando al mismo tiempo. La película juega con el concepto de tiempo y su percepción. Recogiendo ideas de la teoría de la relatividad de Einstein, asume que las medidas del intervalo de tiempo entre dos sucesos no son iguales para diferentes sistemas de referencia. Aunque lógicamente en el caso de la teoría de Einstein se planteaba que esa posibilidad sólo sucedería para sistemas de referencia inerciales que se moviesen con diferentes velocidades ( y que al menos uno de ellos viajase a una velocidad cercana a la de la luz) mientras que en la película se asume que el paso del tiempo se dilata a medida que nos introducimos en niveles de sueño más profundos.

Este vídeo muestra desde un único sistema de referencia temporal (el primero) los sucesos que suceden en los cuatro niveles en un extraño ejercicio de (re)apropiación y relectura de la obra original que sirve como ejemplo de la creatividad con que la red utiliza creaciones originales para otorgarles nuevos significados


lunes, 30 de mayo de 2011

La épica de un país

Decía Borges que el western, como género cinematográfico, era la épica del siglo XX. Uno de mis directores favoritos desde siempre ha sido John Ford, creador, entre otras, de películas como Las uvas de la ira, La diligencia, Qué verde era mi valle, Centauros del desierto, El hombre tranquilo... Escribo cinco pero saldrían al menos diez obras claves dirigidas por Ford y otros buen lote de buenas películas. Mediante todas ellas construyó un universo propio, sólido, personal, dotado de imágenes de gran belleza y lirismo con una especial preocupación por el ser humano, un ser humano en muchas ocasiones al que el tiempo vence y deja atrás aunque sus convicciones sigan siendo válidas y su desaparición sea necesaria

Uno de los aspectos que no hemos tratado demasiado en narrativa digital sería la (re)apropiación de la obra u obras de otros autores para reflexionar con ellas sobre aspectos que no aparecen en las primeras lecturas (lineales, puntuales y más clásicas) y que sólo se advierten al mirar de otra manera todas las películas de un mismo creador.

Lo siguiente que presento es un ejercicio de (re)construcción que había realizado para otro blog que poseo en el que utilizo cuatro secuencias de tres películas diferentes de John Ford hechas con más de 25 años de diferencia desde la primera hasta la última (La diligencia, Centauros del desierto y El hombre que mató a Liberty Valance), donde se puede entender la construcción de un mito en la cinematografía de Ford, un personaje que trasciende los argumentos puntuales de cada una de las películas y que sobrevuela no sólo el su propio cine, sino también la propia épica que sustenta la construcción de EEUU

El nacimiento del héroe. El origen del mito.

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El héroe se torna complejo. El mito muestra su lado oscuro, afloran sus contradicciones

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El héroe se queda solo. El mito estorba, impide el progreso sin sensación de culpa, sin responsabilidad.

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La muerte del héroe. El mito revive en la memoria. Se hace imprimir la leyenda.

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domingo, 29 de mayo de 2011

Resonancias: Benjamin Button y 71 fragmentos de una cronología del azar

Cuando Aparici, en uno de los primeros chats, nos invitó a ver el siguiente fragmento de El curioso caso de Benjamin Button, dirigida por David Fincher, no pude dejar de notar la similitud de planteamiento con la película que casi veinte años antes dirigiera Michael Haneke: 71 fragmentos de una cronología del azar.

Este es el fragmento de Benjamin Button:



Y aquí podemos ver un fragmento de la película de Haneke, de evidente poder simbólico:


La analogía, la resonancia, aparece entre el fragmento de una y la pelicula al completo de otra. En la segunda Haneke, como ya escribí en la wiki del grupo, realiza una composición de fragmentos de una realidad en principio inconexa que terminan demostrándose unidos por el azar.

La diferencia trascendental entre ambas propuestas estriba en la reflexión sobre la realidad social en la que vivimos que aporta Haneke, y que permite e induce hacer al espectador, frente a lo que es un planteamiento casi fatalista y básicamente emocional en la película de David Fincher.

Esta es la clave para entender una de mis principales reticencias a la fragmentación huera que se encuentra en muchos relatos digitales que hemos ido viendo. La supuesta intteractividad, el supuesto poder de decisión del que se intenta dotar al receptor de la obra no es más en muchos casos una mera ilusión, cuyo contenido o valor es prácticamente nulo, puesto que no aporta mayor valor que el de pasatiempo. La construcción de los relatos digitales puede ser fragmentaria, una película puede adoptar esa manera narrativa para intentar aprehender la realidad poliédrica y nunca simplemente lineal que nos rodea, pero finalmente la percepción es lineal, o al menos tan lineal (o no) como en la lectura de otros relatos que podríamos llamar más clásicos. 

¿Qué van aportar las nuevas formas narrativas digitales? Estoy absolutamente de acuerdo con Aparici cuando nos hace la analogía con los comienzos del cine, y nos indica que se puede plantear que la época actual respecto a la narrativa digital equivaldría a los comienzos del cinematógrafo. pero en todo caso parece necesario preguntarse si la evolución va apuntar hacia un mayor peso de los aspectos emocionales y sensoriales o hacia una mayor racionalización y reflexión. 

Por otro lado no se puede dejar de señalar que el asombro y la esperanza que generan las posibilidades casi infinitas de la narración digital también se podrían comparar con la sorpresa y la ilusión con la que se acogió las nuevas formas narrativas que permitía el cine. Pero una vez superado la fase inicial (cuando los espectadores se removían asustados ante un tren que parecía acercarse a ellos desde la pantalla) el cine también tuvo que aprender a delimitar su espacio, a configurar un imaginario reconocible y a pesar de que ha continuado siendo una forma de arte popular no se pude obviar que las esperanzas revolucionarias que desde un punto de vista teórico se apuntaron se fueron difuminando con el tiempo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Comenzamos

Este blog debe servir para ilustrar mi aprendizaje a lo largo de la asignatura de Narrativa digital en el Máster de Educación y Comunicación en la Red de la la UNED